Alquimia Salvaje

Mi transformación - Parte 1

Alquimia Salvaje

"del caos a la paz interior", de la desconexión a la intuición y el reencuentro con Dios.

"El placer de vivir está en lo que uno elige", me tatué en la cintura a mis 23 años, viviendo en San Martín de los Andes, Patagonia Argentina, a 1600 km de mi lugar de nacimiento. Esa frase es de la canción "Salvaje", de Carajo, una banda musical que nació en los 2000 y me acompañó toda mi adolescencia con sus letras poderosas, inspiradoras y sentidas. Carajo marcó mi filosofía de vida, mi manera de ver y vivir alineada a mi esencia. Ellos me conectaron con la Pura Vida.

En un mundo donde fuimos criados para ser ovejas de rebaño, tuve el valor de elegirme y anteponer mis deseos por sobre las “reglas y normas” sociales, por sobre lo que se esperaba de mí, por sobre lo que creía que debería hacer y quién debería ser.
 La libertad me costó la soledad. No encajar y vivir desde el corazón en total incertidumbre es casi un deporte de riesgo. Se pone desafiante cuando nadie confía realmente en vos y en tu valor. Cuando la mente se hace vacío para darle lugar al corazón. 

Recuerdo a mis 21 años elegir irme a vivir a la Patagonia dejando en Buenos Aires una vida “armada” y a simple vista ideal. Trabajaba 8 hs (a veces más) en un lugar que no me gustaba, estudiaba periodismo, vivía sola, tenía amigos, una pareja tóxica que me ocultaba porque tenía una doble vida, en fin… Mi vida en loop me estaba matando, mis emociones se rompían cada vez más y no le encontraba sentido a nada. Si se suponía que tenía una vida ideal para el resto, ¿por qué a mí no me hacía feliz? Surgió la posibilidad de irme a San Martín de los Andes con un laburo y enseguida dije que sí. Me eligieron y a la semana dejé todo, me subí a un avión y me fui a crear una nueva vida. Vencí miedos, elegí lo que pulsaba mi corazón, lo que nada le hacía sentido a la razón, pero me permitió volver a empezar. Confié mucho en mí, en Dios y en mi intuición para dar ese salto y fue la mejor decisión que pude haber tomado.

Tres años más tarde (2013) otra crisis me llevó a otro salto cuántico y a cumplir un gran sueño. Mi mejor amigo de ese entonces tuvo un intento de suicidio y la muerte me volvió a tocar de cerca. Mi alma sintió el llamado de ir al mar. Costa Rica era el destino y todo se sincronizaba a mi favor. Tuve una sensación de “lo logré, no sé lo que vendrá, pero me entrego a la experiencia”. 

Mi vida se llenó de magia al reconocer mi poder creador y al darme cuenta que tenía y tengo la capacidad de vencer miedos, cumplir sueños y confiar en Dios. Allá viví 3 meses que parecieron 5 vidas. Me enamoré, conviví con ese amor, trabajé mientras disfrutaba del atardecer, aprendí mucho de estar conmigo y de vivir con poco, sin necesitar nada. Mucha gente previo al viaje me hacía preguntas del tipo “no te da miedo ir sola?”, “por qué no vas con un hombre?” y bla bla bla que gracias a mi decisión y firmeza me hicieron reír un montón. Aprendí a discernir entre un miedo ajeno y uno propio. Aprendí a elegirme por sobre todo y a desafiarme a ser mi mejor versión. 
Aprendí que Yo Soy mi propio hogar y que vaya a donde vaya voy a estar conmigo y voy a estar bien. Post Costa Rica volví al sur con el corazón roto, extrañaba mucho a ese amor que se desvaneció en la ilusión.
Él se volvió a Roma, yo a mi país y ahí entre promesas vacías todo terminó. (Hoy día pudimos sanar ese pasado y volver a conectar desde el corazón, honrando el proceso de ambos y liberándonos del dolor).

En el Sur estuve dos años más, hasta que todo empezó a ser caótico y me invitó a cerrar un ciclo para abrirme de nuevo al amor. Creí enamorarme en la distancia de quién luego fue el papá de mi hermosa hija Almendra. Y digo creí porque claramente era mi rol de salvadora la que lo atrajo, ese miedo al abandono y la creencia de "felices para siempre" que nunca sucedió. Volví a vivir a Buenos Aires (con algunos ataques de pánico por el ruido y la violencia diaria de la ciudad), empecé a estudiar en la UBA edición y a los meses me embaracé. Así lo elegí en su momento, así tenía que ser. Dejé la carrera y me dediqué a gestar con amor, presencia y consciencia. Parí en casa, tal como lo soñé, parí con ella a mi nueva versión y desde el 2017 que no me siento mas sola. A sus 2 años me separé del papá y comencé casi inconscientemente a manifestar mi mejor realidad. Claro que no fue fácil, sola con una nena chiquita y teniendo que volver a trabajar. Mi papá fue de gran ayuda y compañía hasta que empecé a cuestionarme cómo, donde y con quién quería vivir.

En pandemia apareció un compañero hermoso con quién volví a confiar y a creer en el amor, al menos hasta que acepté mi patrón. Otra vez atraje a alguien con poca disponibilidad emocional y miedo al compromiso. Al principio me costó mucho hacerme cargo de que era algo mío y tenía que ponerle fin para volver a mí.
Ponerle fin a la agonía sinfín. Yo soy mi prioridad, elijo volver a mí.
En pleno proceso de terapia sané el "amor romántico" y a la semana, sin previo aviso de Dios, sin respiro alguno, apareció en mi vida mi nuevo gran despertar:
Mi llama gemela. 

Desde ese entonces y durante 4 años (hasta hoy) mi vida tal como era y la conocía, mis creencias, mis deseos, mi ego entero se derrumbó y pasé por varias noches oscuras hasta recordar quién soy y cuál es mi propósito. Hoy camino eligiéndome a cada momento, hoy camino en libertad, entregada al plan y guiada por la divinidad. 

GRACIAS GRACIAS GRACIAS!

...(Continuará)...

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